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Por Paula Arce Navarro

El pasado jueves 1 de junio de 2023, se llevó a cabo la cuenta pública anual por parte del Presidente de la República, Gabriel Boric Font. 

Fueron necesarias 3 horas 40 minutos para poner en conocimiento a nuestro país todo lo que ha pasado desde el último encuentro en el Congreso Nacional; hecho inédito nombrado como “la cuenta pública más larga desde el retorno a la democracia”. Claro está que este atributo no fue lo único histórico que marcó la jornada. 

Poner al día del estado administrativo y político del país, de los logros cantados emocionalmente bajo la victoria del gobierno, asumir errores y críticas, dar a conocer todos esos desafíos que hoy, ayer y mañana tocan la puerta de todos y todas las chilenas, logró ser abarcado por el discurso del presidente. 

Discurso que no solo se hizo cargo de lo que por tradición y obligación debe cumplir, sino que también sumó como factor sustancial el espacio emotivo y más humano que caracteriza a nuestro presidente.

Las repercusiones fueron claras porque las cifras no tardaron en robarse los titulares nombrando con fuerza que la aprobación, según la encuesta Cadem del 4 de junio, había tenido un incremento de diez puntos, llegando a los niveles más altos desde junio del año pasado. 

La esperanza ha tenido el resultado de un 41% de aprobación por parte del pueblo chileno. Las emociones desbordaron el salón llegando al rincón más inédito del país; funcionaron como pequeños mensajeros que dejaron en evidencia que el avance es real y tangible, que la preocupación por el mandatario y todo su equipo está presente, que las promesas siguen firmes en su discurso, y se han ido materializando con cada logro, por más diminuto que sea. 

El presidente ha cumplido, y no sólo eso, sino que ha demostrado el fuerte compromiso que se necesita en la unidad de la nación para seguir obteniendo soluciones para las demandas históricas y actuales que atormentan a este angosto y largo territorio. 

Apelar a la emocionalidad cuando se tiene una base que mostrar, se vuelve firme, y llena a todos y todas las chilenos que en tiempos tan difíciles necesitan esas gotas de esperanza que abren los caminos y que dan las energías necesarias para levantarse cada día y seguir. 

El país necesita esperanza y el presidente se la entregó con hechos concretos, que -aclaro- no son suficientes, pero son un paso más que alivia la carga en las espaldas. 

Cuando existen hechos, promesas, pero también autocrítica, se genera confianza y esperanza; estrategia política cercana y cálida con el pueblo, una política desconocida por Chile. El aumento en la aprobación de la gestión del presidente se debe a que cuando se escucha y se informa de la realidad no contaminada de los juegos políticos se crea conciencia. Gol de media cancha para el gobierno, y sólo necesitó esas 3 horas y 40 minutos para demostrarle al país que no todo está perdido, que no todo está tan mal, que se está trabajando, que se está avanzando, y ese trabajo es esfuerzo de todas y todos.