Ficha del documento

Título:

Autor(es):

Colección:

Tema(s):

Fecha:

Palabras clave:

Descripción

Por Daniel Alexander Villagra Llanos

La inclusión y la accesibilidad son dos conceptos fundamentales que, si bien son términos interconectados, es importante comprender que no son lo mismo. La inclusión implica desarrollar una sociedad que valore y promueva la participación de todas las personas, independientemente de sus capacidades; mientras que la accesibilidad son las propiedades de los espacios, productos y servicios que permiten que estos puedan ser utilizados con autonomía e independencia por todas las personas, por lo que su implementación promueve la eliminación de barreras físicas y sociales que dificultan la participación plena de las personas con discapacidad. Ambos conceptos son esenciales para garantizar la igualdad de oportunidades y el respeto hacia la diversidad.

En Chile, el 19,1% de la población adulta (mayor de 18 años) de la región Metropolitana son personas con discapacidad, de las cuales, 6,7% (425.066) son personas con discapacidad leve a moderada y un 12,4% (778.994) personas con discapacidad severa. 

Por un lado, la falta de accesibilidad no se limita solo a lo físico, como la falta de rampas o ascensores en edificios públicos, aceras sin adaptaciones o la ausencia de servicios de transporte inclusivos: la falta de oportunidades laborales y educativas es una realidad desafiante para las personas con discapacidad. 

Por otro lado, también existen barreras que son intangibles, como las barreras actitudinales como los prejuicios y estereotipos arraigados en nuestra cultura. Estas barreras invisibles son igualmente perjudiciales. Cuando excluimos a un grupo de personas, perdemos su potencial y talento, y nos privamos de la oportunidad de aprender y crecer como sociedad, ya que limitan las oportunidades y el desarrollo pleno de las personas con discapacidad. 

Debemos educarnos desde temprana edad sobre la diversidad y así promover un entorno donde la diversidad sea valorada y respetada, independientemente de las características de las personas y como estas interactúan con su ambiente. 

Es crucial empezar desde hoy a preocuparse por la calidad de nuestro entorno, previniendo problemas de accesibilidad e inclusión que se pueden presentar en el futuro en la vida de las personas, puesto que nadie está exento de tener una discapacidad, es decir, no solo afecta a las personas con discapacidad, sino a toda la sociedad. 

La inclusión y la accesibilidad no son un lujo, sino un derecho humano fundamental. Solo cuando eliminemos las barreras físicas y sociales, y cuando todos adoptemos una mentalidad inclusiva, podremos construir una sociedad en la que todas las personas, sin importar sus capacidades, puedan participar plenamente y contribuir de manera significativa. Es hora de actuar y trabajar juntos para construir un Chile inclusivo, donde nadie quede atrás.