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Por Ignacio Luna Martínez

Antes de empezar, he de acotar que este escrito empezó siendo una opinión exclusivamente en el ámbito de la disidencia y el orgullo, aprovechando el mes de junio. No obstante, es en este mismo mes que ocurre el temporal de lluvias que afectó sorpresiva y negativamente la zona central del país, situación que no pude dejar indiferente y busqué la forma de unir en un todo el orgullo, las necesidades humanas y el cambio climático. Sin más dilación les dejo con el escrito.

Junio lleva tiempo sin pasar desapercibido y seguirá así por mucho tiempo más, ya que viene como anillo al dedo con las polémicas de estos tiempos, en general, sobre el ámbito de la sexualidad. La polémica de este año empezó con la educación sexual, pero no me mal entiendan, hoy no quiero hablar del caballito de batalla respecto a los casos de la escuela de Talcahuano, donde los hechos ocurrieron en el marco de la ficha CLAP y no en una clase de educación sexual como nos quisieron hacer creer. Estos hechos se expresaron en tensas discusiones en la Comisión de Educación de la Cámara, donde se evidenció la brecha generacional que caracteriza estos tiempos reflejándose en la pugna entre el diputado Bobadilla y la diputada Schneider.

Hoy, más bien, quiero hablar del orgullo de ser, no solo el orgullo de ser loca, de ser afeminada, amanerada, atrevida, cola, exagerada o estrafalaria sino del orgullo de simplemente ser. Y es que a veces olvidamos la importancia de nuestra esencia cuando no se nos cuestiona nuestra forma de ser. Todo aquel que haya sufrido por llevar un estilo de vida distinto a la norma debe saber lo que es ser humillado, expuesto, perseguido y corregido. Los cristianos tenemos experiencia en ambos bandos de la historia, de víctimas y victimarios, perseguidos y persecutores.

Pero obviando toda discusión histórica, frente a cualquier cuestionamiento hacia la forma de ser dentro del ámbito de la sexualidad y la expresión de esta, jamás debemos olvidar el orgullo de ser y el derecho a ser diferente, de ser cristiano, de ser mujer, de ser hombre, de ser definido o indefinido, construido o deconstruido, de ser diverso, a simplemente ser.

Y sé que es abstruso la diversidad en la brecha generacional, incluso para mi en ocasiones es difícil, pero hay que entender, así como lo indica el Papa Francisco en su entrevista con la Editorial Perfil, que de alguna u otra forma “todos somos hijos de Dios y cada uno busca a Dios y lo encuentra por el camino que puede”. Los caminos son personales y diversos, en consecuencia debemos dejar ser a los demás, siempre y cuando no afecte negativamente a terceros.

Por fortuna, la marcha del orgullo abandona lentamente su posición reactiva y pasa a ser una instancia recreacional para una comunidad, instancia recreacional necesaria para el desarrollo personal de cualquier disidente en una sociedad tendiente a la “heteronorma”. Este abandono de una posición reactiva es producto de un mayor respeto, tolerancia o aceptación de las diversidades por parte de la sociedad. Sin embargo, este avance psicosocial se ve en peligro por nuestro propio reflejo de la sociedad.

Así pues, este mes también se vio afectado por las intensas lluvias en la zona centro del país, una desafortunada razón más por lo cual el mes de junio no pasó desapercibido y que no puedo desestimar en este escrito. Múltiples ríos desbordaron, los ríos Biobío, Maule, Maipo, Loncomilla, Laja, Mataquito, Lonquimay, Curanipe, Achibueno son los principales casos, destruyendo infraestructuras y llevándose casas al ritmo del turbio y violento caudal alterando el cauce de los ríos, obligando a evacuar en múltiples zonas, en definitiva, una tragedia. 

El cambio climático llegó para quedarse y culpamos a nuestro reflejo en el espejo. Como país tenemos que empezar a construir considerando estos cambios, de la misma forma que empezamos a construir teniendo en cuenta los movimientos sísmicos. En consecuencia, crear las políticas públicas que apunten a esta dirección, aprovechando la fuente más cercana en esta materia, que se encuentran en los mecanismos jurídicos medioambientales del anterior proceso constituyente como una forma de empezar.

Frente a estos sucesos hay que tener en mente La Pirámide de Maslow, esta pirámide que jerarquiza las necesidades humanas estableciendo una prelación en las mismas, en pocas palabras, no habrá un pleno desarrollo afectivo-sexual si no hay antes una seguridad física medioambiental, o en términos más catastrofistas, no habrá nada que desarrollar ni de autorrealizar si dejan de existir lugares aptos para la vida.

En suma, debemos entender que la humanidad se halla inserto en un biosistema que nos impone límites que debemos respetar. Alterar estos límites traerá los típicos efectos antrópicos que más temprano que tarde se traducirá en otra nueva tragedia medioambiental que lamentar.

Empatizar con las victimas no sirve de nada si no se acompaña con medidas reales y concretas, de la misma forma que no debemos jamás olvidar el orgullo de ser y el derecho a ser diferente, tampoco hay que olvidar el cordón industrial de Quintero Puchuncaví como ejemplos tangibles de cómo no hacer las cosas. En síntesis, menos plásticos en los mares y más picorocos en las calles.